miércoles, 18 de febrero de 2009

Las Leyes de la Estupidez Humana


La Primera Ley Fundamental:

"Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo".


La Segunda Ley Fundamental:

"La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona".


La Tercera Ley Fundamental:

"Una persona estúpida es una persona que causa daño a otra o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio".

La Cuarta Ley Fundamental:

"Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error".

La Quinta Ley Fundamental:

"La persona estúpida es el tipo de persona más peligroso que existe."

Corolario: "El estúpido es más peligroso que el malvado".

Carlo M. Cipolla - "Allegro ma non troppo"

Frases sobre La Estupidez


Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro.
Albert Einstein (1879-1955) Científico alemán nacionalizado estadounidense.

Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis.
Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592) Escritor y filósofo francés.

Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda.
Martin Luther King (1929-1968) Religioso estadounidense.

Todos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda.
Voltaire (1694-1778) Filósofo y escritor francés.

Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen.
Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645) Escritor español.

Estupidez humana. Humana sobra, realmente los únicos estúpidos son los hombres.
Jules Renard (1864-1910) Escritor y dramaturgo francés.

Contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano.
Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.

La estupidez insiste siempre.
Albert Camus (1913-1960) Escritor francés.

La ignorancia puede ser curada, pero la estupidez es eterna
Masahide

Las personas no están jamás tan cerca de la estupidez como cuando se creen sabias
Jean Baptiste Moliere

Si Dios existe, le voy a pedir cuentas de lo absurdo de la vida, del dolor, de la muerte, de haber dado a unos la razón y a otros la estupidez... y de tantas otras cosas.
Leonardo Da Vinci

Cuatro cosas no pueden ser escondidas durante largo tiempo: la ciencia, la estupidez, la riqueza y la pobreza.
Averroes

Las tiranías fomentan la estupidez.
Jorge Luis Borges

El hombre es el inventor de la estupidez.
Remy De Gourmont

La estupidez es por cierto, un producto de la voluntad.
Aldous Huxley

La estupidez insiste siempre, sobre todo en los más estúpidos.
Albert Camus

La guerra siempre vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido.
Friedrich Nietzsche

Un pedante es un estúpido adulterado por el estudio.
Miguel de Unamuno



Introducción a las Leyes de la Estupidez Humana



La humanidad se encuentra en un estado deplorable. Ahora bien, no se trata de ninguna novedad. Si uno se atreve a mirar hacia atrás, se da cuenta de que siempre ha estado en una situación deplorable. El pesado fardo de desdichas y miserias que los seres humanos deben soportar, ya sea como individuos o como miembros de la sociedad organizada, es básicamente el resultado del modo extremadamente improbable y estúpido como fue organizada la vida desde sus comienzos.


Desde Darwin sabemos que compartimos nuestro origen con las otras especies del reino animal, y todas las especies desde el gusanillo al elefante tienen que soportar sus dosis cotidianas de tribulaciones, temores, frustraciones, penas y adversidades. Los seres humanos, sin embargo, poseen el privilegio de tener que cargar con un peso añadido, una dosis extra de tribulaciones cotidianas, provocadas por un grupo de personas que pertenecen al propio género humano. Este grupo es mucho más poderoso que la Mafía, o que el complejo industrial-militar o que la Internacional Comunista. Se trata de un grupo no organizado, que no se rige por ninguna ley, que no tiene jefe, ni presidente, ni estatuto, pero que consigue, no obstante, actuar en perfecta sintonía, como si estuviese guiado por una mano invisible, de tal modo que las actividades de cada uno de sus miembros contribuyen poderosamente a reforzar y ampliar la eficacia de la actividad de todos los demás miembros.

Carlo M Cipolla - Introducción al ensayo "Allegro ma non troppo"

Definición de estupidez - Real Academia Española de la Lengua


estupidez
.

(De estúpido y -ez).

1. f. Torpeza notable en comprender las cosas.

2. f. Dicho o hecho propio de un estúpido.

estúpido, da.

(Del lat. stupĭdus).

1. adj. Necio, falto de inteligencia. U. t. c. s.

2. adj. Dicho de una cosa: Propia de un estúpido.

3. adj. estupefacto.


necio, cia.

(Del lat. nescĭus).

1. adj. Ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber. U. t. c. s.

2. adj. Imprudente o falto de razón. U. t. c. s.

3. adj. Terco y porfiado en lo que hace o dice. U. t. c. s.

4. adj. Dicho de una cosa: Ejecutada con ignorancia, imprudencia o presunción.

porfiado, da.

(Del part. de porfiar).

1. adj. Dicho de una persona: Terca y obstinada en su dictamen y parecer. U. t. c. s.


martes, 17 de febrero de 2009

El descubrimiento de la estupidez humana

A veces uno necesita trabajar o estudiar o reflexionar durante meses o años para producir un cambio fundamental en su vida. Sin embargo a veces el cambio llega de manera inmediata y mágica.

Para mi uno de estos cambios fue el descubrimiento de la importancia en nuestras vidas de los efectos de la estupidez humana.

Sucedió, hará unos quince años en una tarde de verano, cuando asistía a uno de los cursos que mi empresa organizaba periódicamente dentro de su plan de formación continua.

Normalmente en estos cursos te formaban en cosas que ya habías aprendido enfrentándote con la dura realidad o que eran simple formalización del sentido común (el menos común de los sentidos) o que sencillamente eran inútiles por que no tenían nada que ver ni con tu vida ni con tu trabajo.

Sin embargo, este fue distinto. El monitor o el coacher (en la nueva terminología formativa) era un chaval campechano que amenizaba las noches tocando la guitarra y comentaba con cierta melancolía la oportunidad perdida de haber sido uno de los miembros fundadores de los Hombres G. (Quienes le hayan conocido seguramente no dudarán con estas pistas. Donde quiera que estés te mando un abrazo.)

A pesar de que la mayor parte del curso discurrió en medio de sesiones de brain-storming y reparto de tarjetas de sabiduría condensada, no sé ni como ni cuando apareció el tema que no estaba en el guión y que al principio nos sonó a guasa.

Se nos hablaba de un pequeño librito escrito por un tal Carlo M. Cipolla. Ya el apellido se las traía con una rima más evidente que el famoso Montoya del chiste. Tiempo después descubrí que el apellido no significaba otra cosa que cebolla en italiano. Claro que incluso cebolla impone poco respeto por el autor. Si hubiera sido inglés no habría problema, Charles M. Onions sonaría tan importante como George Bush (Jorge Arbusto).

El título del libro tampoco invitaba a la seriedad "Allegro ma non troppo" (literal "allegre pero no demasiado", que se utiliza también para marcar un tempo en música). Los capítulos, dos. El tamaño del libro no daba para más.

El capítulo I: "El papel de las especias (y de la pimienta en particular) en el desarrollo económico de la Edad Media". Vamos, la cosa sonaba a una de las bromas habituales de nuestro monitor, pero aun así era tan obvia y absurda que costaba pillarle el punto.

Pero aún quedaba por saber de que iba el capítulo II. Cuando escuchamos el título...

"Las leyes fundamentales de las estupidez humana"

... ya no había ninguna duda de que se trataba de una broma y la risa surgió de forma espontánea.

Sin embargo, muestro monitor jugaba con nuestra impresión divertida mientras sujetaba el librito en su mano, hojeándolo y leyéndonos algunos titulares.

A pesar de todo, poco a poco fue entrando en la breve materia desarrollada en las páginas y enseguida percibí que, aunque divertida, no se trataba de ninguna tontería.

Las definiciones, apoyadas en diagramas cartesianos eran precisas y de sentido común. Las proposiciones eran claras y se sustanciaban de inmediato mediante ejemplos sacados de mi propia experiencia. Era algo que siempre había tenido delante, pero que nunca había visto ni me lo habían contado de manera tan contundente.

Hasta entonces para mi la estupidez había sido un síntoma de pocas luces, de idiotez, de falta de inteligencia. Sin embargo ni siquiera hasta entonces tenía claro que era la inteligencia. La mayoría de las veces se la asociaba a la capacidad para el razonamiento lógico y a disciplinas como las matemáticas o el ajedrez. Una persona estúpida era una persona tonta, facilmente manipulable del que no se podía esperar gran cosa, ni bueno, ni malo. Un sujeto de chiste, merecedor de compasión por sus limitaciones.

Por el contrario, el libro asociaba a la estupidez la mayor parte de las desgracias de la humanidad.

Aquel día mi concepción del mundo y de mis relaciones con el resto de personas cambió. Poco a poco pude ver cuan útil eran las simples lecciones de Carlo M. Cipolla para desenvolverme día a día evitando los efectos de la estupidez de los demás y, lo que es peor, de la estupidez propia.

A partir de entonces creo que he sido una mejor persona para los demás y he sabido apreciar a los demás en su justa medida siendo recompensado por lo mejor de ellos.

A pesar del envoltorio de humorismo con el que recibí la lección y con el que el autor del libro previene al lector restándole importancia al ensayo, estoy convencido de que pocas veces podemos encontrar una guía tan sabia en un espacio tan breve y tan leve.

Hoy, muchos años después de mi descubrimiento aun me sigo sorprendiendo con las formas tan absurdas y peculiares que puede adoptar la estupidez. Por este motivo esta tarde me decidí a abrir este blog para compartir con otros seres (inteligentes y estúpidos) mis vivencias referentes a este tema y de paso rendirle un pequeño homenaje a Carlo M. Cipolla a quién tengo por maestro.

Quienes lean y se sientan aludidos recuerden que estúpido no es quién comete una estupidez sino quién persiste en este comportamiento.